domingo, 12 de abril de 2009

DOS DÍAS EN MANHATTAN

He aquí una propuesta sobre cómo conocer uno de los distritos neoyorkinos más carismáticos de manera fácil y rápida.
La isla de Manhattan se sitúa al norte del Puerto de Nueva York y está rodeada por los ríos East, Harlem y Hudson. Mide casi 22 kilómetros y conecta con el resto de la ciudad por medio de numerosos puentes y túneles.

Manhattan es conocido por el Edificio Chrisler, el Empire State, los teatros de Broadway, el centro financiero de Wall Street, Central Park, la Quinta Avenida o el museo de arte moderno MoMa; entre otros.

¿Un recorrido para no perderse ninguno de estos lugares obligatorios para turistas? Si lo que le interesa no son las compras sino conocer las calles neoyorquinas, ¡siga leyendo!

PRIMER DÍA:

La jornada comienza a media mañana con la llegada de los viajeros al aeropuerto de Newaerk. Aunque pertenece al estado de Nueva Jersey, es el que está mejor comunicado con la isla. Es recomendable alojarse en un hotel situado en el centro de Manhattan -en las inmediaciones del Madison Square Garden. La mejor manera de llegar hasta allí es hacerlo en taxi; ya que, cuando el grupo está compuesto de tres o más personas, resulta casi igual de económico que el transporte público. Una vez instalados, empieza el paseo.

Desde Maddison Square Garden -el coliseo de espectáculos más famoso del mundo- se llega al Empire State Building por la calle 35: estamos en la Quinta Avenida. Es el eje que vertebra Manhattan y que lo divide en dos al mismo tiempo. Siguiendo su recorrido, el viajero se da cita con la Biblioteca Pública y el Briant Park, situado detrás de ella. Si se desvía hacia el Este por la calle 42, conocerá la Grand Central Station y el Edificio Chrysler, que ya se ha convertido en un símbolo de la ciudad.







De vuelta a la Quinta Avenida, encontramos la Catedral de Saint Patricks. En dirección Oeste, está el famoso Rockefeller Center, un complejo comercial propiedad de la familia Rockefeller que se ha convertido en uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad. Además de numerosos comercios, una gran pista de hielo y una estatua griega de bronce del titán Prometeo aumentan su popularidad. En el centro, todo está abigarrado de banderas. Antes de volver a la Avenida, es recomendable seguir caminando por las calles circundantes para conocer el MoMa, el célebre museo de arte moderno: http://www.moma.org/

Tras este recorrido, se llega a la esquina de La Quinta con Central Park. En este lugar, se encuentra un peculiar cubo de cristal que alberga la tienda subterránea de Apple. Perfecta para los aficionados a los últimos gadgets.

Éste es el momento de dar un paseo por Central Park. Después del bullicio urbano, el viajero puede relajarse entre calesas tiradas por caballos, jardines, jóvenes -y no tan jóvenes- corriendo... y contemplar el lago. Desde allí hay unas vistas excepcionales del Dacota Building. Fué la última residencia del músico John Lennon y, en la actualidad está considerado el edificio de viviendas más caro de la ciudad.Lo más recomendable en este momento es dar un paseo de regreso a través de Broadway hasta llegar a Times Square, a tiempo de ver anochecer entre carteles luminosos. A lo largo del camino de Broadway a Madison Square Garden hay multitud de teatros. ¿Qué mejor manera de terminar el día que un espectáculo?

Comer y cenar no son una prioridad en una jornada tan intensa como ésta: es la mejor oportunidad para integrarse en la vida neoyorquina y comer un perrito caliente por la calle y un helado adquirido en cualquiera de los muchos puestos ambulantes.



SEGUNDO DÍA:

Lo primero que debe hacer el viajero al salir del hotel es dirigirse, como el día anterior, hacia el Empire State: la primera hora de la mañana es la mejor para subir al edificio evitando aglomeraciones de turistas. Las vistas que ofrece de todo Manhattan son espectaculares.Despues, es recomendable ir en metro hasta el extremo sur de la isla. Allí se encuentra Battery Park, el lugar de donde salen los barcos hacia la estatua de la Libertad, en Liberty Island.

Pasear por el Lower Manhattan y el es un placer: en pocas calles se encuentran Wall Street -con el emblemático edificio de la Bolsa- o la zona cero que antes ocupaban las Torres Gemelas, en el World Trade Center. Este área de la ciudad quedó masacrada tras los atentados terroristas del 11-S, pero aún hoy se mantiene como el centro neurálgico internacional de las finanzas. Sus enormes rascacielos conforman la silueta más conocida de Manhattan.

El recorrido continúa con un paseo para caminar a lo largo de los numerosos barrios de casas bajas que se suceden en dirección norte del distrito. Todos ellos son muy distintos entre sí, pero lo que tienen en común es que en ellos se respira un ambiente acogedor y característico. El punto de partida ha de ser Tribeca. Desde este lugar puede contemplase el Puente de Brooklyn, que conecta la isla con el resto de Nueva York.


A continuación se llega a Chinatown. La comunidad asiática está muy presente en Nueva York -son más de 200.000 en la ciudad-, y éste es su barrio. En él, se pueden encontrar desde tiendas de electrónica a buen precio hasta mercadillos donde comprar arroz, noodles o, sobre todo, pescado. Es un buen lugar para hacer un descanso y comer algo exótico. La otra posibilidad, más recomendable, es hacerlo en Little Italy, en la calle Mulberry. Aunque en su origen estuvo poblado mayoritariamente por italianos, hoy en día está perdiendo terreno en favor de Chinatown. Sin embargo, se trata de un barrio con mucho encanto: los turistas no se lo deben perder.

En dirección al noroeste se llega al Soho. Cuando el barrio nació, en la década de los sesenta, estaba poblado por artistas; pero con el paso del tiempo, fue convirtiendose en una zona más exclusiva y, actualmente, en ella se encuentran las más selectas boutiques, galerías, restaurantes... La vida artística y bohemia se mantiene en el siguiente barrio: Geenwich Village. se trata de una zona más intelectual donde, además, se encuentra el campus principal de la Universidad de Nueva York. También cuenta con muchos parques, entre los que destaca Washington Square Park.

Llegado a este punto, el viajero se topa con la Avenida Broadway: un buen camino para volver al hotel entre el bullicio de la multitud y algún espectáculo musical en vivo



Por último, el camino ofrece una visión del Edificio Flatiron. Es uno de los rescacielos más antiguos de Manhattan y también uno de los más carismáticos. Es el encargado de despedir el viaje.


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