Oporto es un viaje a una Europa de otro tiempo, donde todavía conviven recuerdos de un pasado no tan lejano.Tiene algo hermoso en sus viejas fachadas, en su aire señ
orial ya decrépito. En las calles, sobreviven las pequeñas tiendas que se aferran a su esquina como a un clavo ardiendo, compitiendo contra los nuevos establecimientos. Esos viejos escaparates de comestibles, con su toldo roído por los años, donde se puede comprar casi de todo, resisten. Una mujer camina hacia la fuente dos Leoes con un canasto en la cabeza. Va a lavar la ropa. Mientras tanto, los paseantes caminan entre el bullicio de las calles y el cálido balanceo de las olas del Duero mezclándose con la mar. Son los últimos coletazos de un modo de vida entrañable y anacrónico que, aunque condenado a desaparecer, aún permanece en Oporto.
orial ya decrépito. En las calles, sobreviven las pequeñas tiendas que se aferran a su esquina como a un clavo ardiendo, compitiendo contra los nuevos establecimientos. Esos viejos escaparates de comestibles, con su toldo roído por los años, donde se puede comprar casi de todo, resisten. Una mujer camina hacia la fuente dos Leoes con un canasto en la cabeza. Va a lavar la ropa. Mientras tanto, los paseantes caminan entre el bullicio de las calles y el cálido balanceo de las olas del Duero mezclándose con la mar. Son los últimos coletazos de un modo de vida entrañable y anacrónico que, aunque condenado a desaparecer, aún permanece en Oporto.
Oporto suena a fado. Suena así: http://goear.com/listen/fc661ac/Fado-Do-Ciume-Amalia-Rodrigues
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